← Lumbre

Filosofía Aristóteles: la ética intelectualista — virtud, phronesis y eudaimonía

Portada de Aristóteles: la ética intelectualista — virtud, phronesis y eudaimonía

Aristóteles: la ética intelectualista — virtud, phronesis y eudaimonía

✦ El mejor alumno de Platón bajó la ética del cielo de las Ideas y la plantó en el suelo: el bien no se contempla, se hace, y se hace haciéndolo: nos volvemos justos practicando justicia, como la lira tocando · Filosofía · y te lleva 17 minutos

Roadwise Consulting

Contenido modificado tras su publicación

Objetivo: Dominar la Ética a Nicómaco: la eudaimonía como fin último, la virtud como hábito y término medio gobernado por la phronesis, la amistad y la vida contemplativa; y medir sus consecuencias comprobadas, buenas y malas.

17 min Filosofía 15–99 años
Más
Aristóteles: la ética intelectualista — virtud, phronesis y eudaimonía

Herramientas de la lección

◉ Entrar a La Matrix Descargar PDF Exportar ZIP Sorpréndeme

Sobre este contenido

Ir a

Volver a El manantial: la Antigüedad y el descubrimiento del principio Cursos Explorar Mi cuenta Salir del modo estudio

El hombre que devolvió el bien a la tierra

Busto de Aristóteles en la Long Room del Trinity College de Dublín
Aristóteles (384-322 a.C.), fundador del Liceo, autor de la Ética a Nicómaco. Imagen bajo licencia libre, vía Wikimedia Commons.

Aristóteles llevó veinte años escuchando «la Idea del Bien» y terminó concluyendo que esa idea no dice nada practicable: «el bien no es algo separado y universal, porque lo bueno se predica de tantas maneras como el ser» (EN I 6). Su gesto fundacional: en vez de preguntar «qué es el Bien en sí», pregunta «¿para qué sirve el hombre?» — como pregunta para qué sirve un cuchillo: para cortar bien. Toda actividad apunta a un fin, y los fines se subordinan (las riendas a la equitación, la equitación a la estrategia, la estrategia a la victoria); tiene que haber un fin último perseguido por sí mismo y nunca como medio: los griegos lo llamaban eudaimonía — tener un buen demonio, estar bien con la vida entera. Todo el mundo coincide en el nombre: ricos, pobres y hasta el más torpe dicen «quiero ser feliz». La disputa empieza cuando se le pregunta qué es esa felicidad. Un hombre «según la multitud» la busca en el placer; un hombre libre y educado, en el honor; y si se le aprieta, aparecen la riqueza y la vida política. Aristóteles descarta todas — el placer es vida de pastos, el honor depende de quien lo da, la riqueza es útil para otra cosa — y concluye con su famoso argumento funcional: la felicidad es actividad del alma conforme a virtud, si falta alguna, conforme a la mejor y más perfecta, en una vida completa (I 7). No un estado de ánimo: una ejecución. La eudaimonía no se siente: se hace, toda la vida, y un solo día de buen hacer no la garantiza — «una golondrina no hace verano».

Aristóteles: lógica, las cuatro causas y la felicidad
Video externo en YouTube. Lumbre no aloja ni controla el contenido enlazado.

El mecanismo: hábito, medio y la mirada del phronimos

Si la virtud es el corazón de la felicidad, ¿de dónde sale? Aquí la tesis más aristotélica y más viva: se adquiere ejercitándola — «nos hacemos constructores construyendo, y justos practicando actos justos»; la virtud moral es hexis, disposición estable, costumbre razonada, y por eso «importa casi todo el empezar desde la juventud» (II 1). Las virtudes intelectuales (sabiduría, arte, phronesis, intuición, ciencia) y las morales (coraje, templanza, generosidad, magnificencia, mansedumbre, veracidad, humor justo...) forman la tabla completa. El regulador de la moral es el término medio: «el vicio destruye, la virtud conserva; la virtud es medio respecto de la pasión y respecto de la acción» — el coraje, medio entre cobardía y temeridad; la templanza, entre insensibilidad y desenfreno. Pero ese medio no es aritmético ni relativista: lo fija «el logos recto, como lo fijaría el phronimos», el hombre de prudencia práctica, que ve la situación como el médico ve la dosis. La phronesis es la estrella de la arquitectura: ciencia de deliberar bien sobre lo que es bueno para la vida entera, y sin ella las «virtudes naturales» del genio cobarde o del temperamental se hunden; sin carácter, la astucia es solo sagacidad al servicio del capricho. Y el sistema remata en sus dos cumbres: la amistad — «el amigo es otro sí mismo»; tres formas (placer, utilidad, virtud; solo la última, que quiere el bien del amigo por él, hace feliz y sostiene ciudades — «la amistad parece mantener a los legisladores más que la justicia» VIII 1) y la vida contemplativa (theoria) como cumbre final, la actividad más propia del hombre según su parte más divina. Un intelectualismo pleno... con un detalle que Platón envidiaría: Aristóteles concedió la akrasía: el incontinente obra con dolor sabiendo; el sistema debe admitir la grieta entre saber y hacer y darle un lugar — deseo educado, no solo argumento.

Lectura corta: función, hábito y medio

Ética a Nicómaco I 7, II 2 y VI 12

Nota las tres tesis que el curso va a confrontar después: (1) la felicidad es actividad conforme a virtud en toda una vida — no se elige una tarde; (2) se adquiere por costumbre, antes de convencer — la razón llega tarde al carácter; (3) el medio lo pone el prudente: ¿quién vigila al prudente? ¿Y qué ocurre cuando el «hábito» de una época es la esclavitud?

EN I 7 — el bien humano y la función
Si ponemos el bien humano en la actividad del alma conforme a virtud, y las vidas son múltiples, conforme a la mejor y más perfecta virtud, vivir conforme a ella: he ahí el bien completo. Una golondrina no hace primavera, ni un día: el que así viviere, será dichoso... Los bien afortunados de fuera no lo son por sí: el bien necesita también de amigos, riqueza y poder político, porque sin instrumentos muchas cosas no se pueden hacer. El hombre es animal político: el que vive fuera de la ciudad por naturaleza y no por desgracia, o es bestia o es dios; no es hombre.
EN II 1-2 — la virtud como hábito y como medio
Las virtudes no vienen por naturaleza: ni antes ni contra naturaleza se reciben las piedras. Se aprenden haciéndose: los hombres llegan a ser arquitectos construyendo, y justos, haciendo cosas justas; moderados, moderándose; valientes, arriesgándose. Por eso es de máximo peso la crianza: no vive igual el que se acostumbra desde joven que el que no. El vicio destruye la medida; la virtud conserva el medio: medio en el acto y en la pasión respecto de nuestros términos. Y lo que es medio no es lo mismo para todos: el que es medio en correr no es medio para el combate. El logos que fija esto es trabajo del phronimos: el hombre prudente parece ver bien lo justo y lo bueno en cada caso.
EN VI 12-13 — phronesis y virtud natural
La prudencia no es ciencia de lo universal ni arte de producir: es disposición verdadera con logos, orientada a la acción sobre lo que es bueno para el hombre en general y en cada caso; es percepción de lo último y particular, como la del médico que no cura «al hombre» sino a Callias. De ahí la analogía del ojo: como el cuerpo se endereza por el hábito, la virtud crece en él por el hábito con los ojos bien puestos al modelo — y el modelo es el fin del hombre, que no es otra cosa que la vida buena entera. Sin prudencia no hay virtud plena: el temperamento y las disposiciones naturales dan una semejanza de virtud, pero sin el logos que las dirija, nada contribuye a ser hombre bueno: y sin carácter, la astucia es solo una sagacidad servida al capricho.
Traducción propia abreviada y modernizada sobre la Ética a Nicómaco. Texto griego en dominio público.

La máquina de la eudaimonía

  1. Tres engranajes: fin, hábito, juicio

    Aristóteles arma la conducta con tres piezas: la eudaimonía como fin que ordena toda la vida; la virtud como hábito formado en la juventud; y la phronesis que fija el medio en cada caso. Sin una de las tres, el sistema se desmonta.

Acción y consecuencias comprobadas

La ética aristotélica es la que mejor ha trabajado en la historia. Frutos verificados: la medicina toma de él el concepto de cura como arte orientado al bien del paciente y la formación del carácter del clínico (la ética de virtudes domina hoy la educación médica y de enfermería — Beauchamp y Childress la reintrodujeron en los años 80); los entrenadores y maestros de oficio siguen formando por hábito y ejemplo, exactamente su método; la ciencia política moderna estudia la phronesis como saber práctico irreductible a fórmulas; MacIntyre volvió a él en Tras la virtud (1981) para diagnosticar la pérdida de estándares morales; la psicología positiva clasificó sus virtudes empíricamente (VIA, Peterson y Seligman: 24 fortalezas, 6 virtudes, medidas como él no pudo) y hasta el florecimiento humano (flourishing) es su palabra traducida. Estragos comprobados: su defensa de la esclavitud «por naturaleza» (el bárbaro y el mecánico son «herramientas animadas», Política I 13) fue durante dieciocho siglos el brazo intelectual de la servidumbre atlántica — teólogos y juristas con él en la mano; su «magnánimo» que se tiene en mucho y desprecia a los demás (IV 3) envenenó los códigos de honor; y su «medio lo fija el phronimos» tiene el defecto de siempre: quien controla la lista de prudentes controla la moral — la esclavista también deliberaba «bien». Su tesis de que el carácter se forma desde la juventud por costumbre es a la vez su potencia pedagógica y su coartada conservadora: las sociedades que crían injustos producen virtuosos de la injusticia.

Un cirujano joven domina la técnica pero huye de los pacientes difíciles por miedo, aunque sabe que debería quedarse. En términos aristotélicos, ¿qué le falta exactamente?

Para Aristóteles, la felicidad (eudaimonía) puede completarse en una sola experiencia cumbre, aunque la vida después se deshaga.

El careo: tres grietas en la estatua

Primera grieta: el medio no autocorrige. «Como lo fijaría el phronimos» es una fórmula perfecta y vacía: el phronimos es el hombre de su comunidad, y si la comunidad cría esclavistas, la templanza del amo es medio... de su vicio. Platón habría dicho: solo mirando al Bien se sabe que el «medio» ateniense es una sombra; Aristóteles replicó que el Bien flotante tampoco corrigió a nadie. Segunda grieta: el auto-hechicero. El sistema es heroico en su centro — «nos hacemos virtuosos practicando» — pero presupone un alumno que ya quiere practicar: ¿quién decide el primer acto cuando el hábito está en contra? El propio Aristóteles lo confiesa: la virtud depende casi toda de la crianza; es decir, de otros. Nadie se hace bueno desde cero a los cuarenta; la ética del hábito es, en silencio, una ética de la suerte de haber sido bien criado. Tercera grieta, la que R02 abre: el sabio basta, pero el herido no. La eudaimonía aristotélica no perdona: necesita bienes externos, amigos, salud, ciudad. ¿Y el crucificado, el enfermo terminal, el pobre sin amigos? Pablo escribirá desde la cárcel «aprendí a estar suficientemente contento en cualquier estado» (Fil 4:11), y Jesús proclamará felices — makarioi, la misma palabra de la eudaimonía — a los pobres de espíritu, los que lloran y los perseguidos (Mt 5:3-11): la felicidad declarada desde la fragilidad, no desde el éxito del carácter formado. El contraste entre eudaimon y makarios será uno de los careos finales del curso.

Empareja cada vicio con la pareja de extremos cuya «falta de medio» lo constituye según la tabla aristotélica:

      Elige una virtud que creas tener («soy honesto», «soy valiente»). Aplícale la prueba aristotélica: ¿se te hace fácil? ¿la practicaste bastante para que sea hábito o solo intención? Si la respuesta incomoda, ya sabes dónde estás: en disposición natural, no en virtud. Cierra escribiendo un acto concreto, pequeño y repetible que en tres meses la convertiría en hexis — y el precio que pagarás por él.

      Aristóteles medía la virtud por el placer: «señal de que no se posee la virtud es complacerse en lo contrario». ¿Qué te da placer en este caso: la virtud o su disfraz?

      Tu texto se guarda sólo en este dispositivo.

      • Principio: el bien humano = eudaimonía: actividad del alma conforme a virtud, toda una vida; no se contempla (contra Platón), se ejecuta.
      • Mecanismo: virtud como hábito (se es justo obrando justo) + phronesis que fija el medio de cada caso — carácter formado desde la crianza.
      • Acción: educar el deseo, elegir el medio propio del caso, cultivar la amistad por el amigo mismo, sostener la polis, y en lo mejor, contemplar.
      • Consecuencias comprobadas: educa a médicos, jueces y entrenadores; funda la psicología del florecimiento; y prestó su autoridad a la esclavitud «natural» y al desprecio del magnánimo.
      • Grietas para el careo final: el medio sin tribunal, la virtud que presupone buena suerte de crianza, y la felicidad que exige bienes externos y no alcanza al herido.

      Chequeo: la eudaimonía bajo prueba

      Aquí se mira lo que ya fuiste acertando. Pulsa «Comprobar» para saber si puedes seguir.

      Siguiente: El laberinto helenístico: placer y deber como principios rivales — caen las ciudades, sube un imperio, y la ética deja de preguntar «cómo gobernar» para preguntar «cómo vivir cuando nada depende de ti». Epicuro propone el placer bien entendido como principio; los estoicos, vivir conforme a naturaleza y hacer tu deber pase lo que pase. Dos terapias del alma que no han cerrado: hoy mismo se llenan librerías con las dos.

      Las respuestas y tu progreso se guardan sólo en este dispositivo. Contenido firmado por su autoría mediante Lumbre.
      Más sobre esta lección

      ¿Necesitas ayuda?

      Vamos a atacar justo la parte que no te cuadra

      Explicaciones cortas, dibujos, ejemplos y práctica. Nada cuenta como nota.

      Comentarios

      Inicia sesión para comentar.

      Todavía no hay comentarios. Sé la primera persona en opinar.