
Este curso sorpresa nace de un hilo que une tus intereses: filosofía, autores que invitan a cambiar la vida y proyectos educativos que deben servir a otros. Una intuición valiosa suele llegar como frase grande —«quiero ayudar a aprender»—. Para trabajar con ella hay que escoger una tensión concreta, reconocer supuestos y decidir qué experiencia podría iluminarla.
Escuchar la intuición
Escribe la frase que se repite en tu cabeza. Luego pregunta: ¿qué hecho la despertó? ¿a quién afecta? ¿qué me emociona y qué me preocupa? No conviertas la emoción en prueba ni la descartes por ser subjetiva.
Acotar
Cambia «¿cómo aprende la humanidad?» por «¿puede una persona explicar una idea un día después de usar un OA de cinco minutos?». La segunda pregunta permite conversación y observación. Conserva la pregunta grande como brújula, no como criterio de éxito de una semana.
Supuestos escondidos
Enumera tres cosas que das por hechas. Por ejemplo: «la gente quiere aprender esto», «un ejercicio enseña más que un texto» y «un creador puede revisarlo a tiempo». Cada supuesto pide una prueba distinta.
Practica y comprueba
- Escribe tu intuición en una frase y recuerda una experiencia que la originó.
- Conviértela en una pregunta delimitada por persona, situación y tiempo.
- Anota tres supuestos y cuál te inquieta más.
¿Cuál es una pregunta suficientemente acotada para empezar?
¿Qué cambiarías en tu respuesta después de aplicar la actividad a un caso real?
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