Las tres trampas de cada día

Empieza por la más sucia: el ad hominem es atacar a la persona en lugar de su argumento. «No creas su propuesta económica, si hasta él reprobó matemáticas». Su vida privada no toca la calidad de su idea. Hay una versión legítima que conviene no confundir: señalar que un vendedor tiene intereses creados es información relevante sobre por qué te habla así; usar eso para no escuchar su razonamiento sí es falacia. El ataque a la persona es trampa cuando sustituye la respuesta al argumento, no cuando complementa la evaluación de una fuente.
Sigue el espantapájaros (argumento contra el persona): deformas la posición del rival para que sea fácil de derribar. «A: hay que regular la publicidad de comida chatarra. B: entonces quieres que el gobierno decida lo que comemos y prohíba todo». B no refutó a A; refutó a un muñeco inflado que él mismo construyó. El espantapájaros funciona porque la versión exagerada es más fácil de atacar que la real.
Cierra la falsa dicotomía: presentar solo dos opciones cuando existen más, obligando a elegir entre ellas. «O estás con nosotros o estás contra nosotros». Como si no hubiera un «a medias», un «ni uno ni otro», una tercera vía. Se detecta preguntando: ¿de verdad son las únicas alternativas, o me están acotando el menú?
Distinguir la jugada limpia de la trampa
La línea entre una objeción válida y una falacia a veces se difumina, y conviene trazarla con cuidado. Criticar el carácter de alguien no siempre es ad hominem: si alguien miente sistemáticamente en sus datos, su credibilidad como fuente es legítimamente cuestionable; eso es evaluar la fuente, no un sustituto del argumento. La prueba es simple: ¿estoy usando ese rasgo para no examinar la razón, o para ponderar cuánto fiarme de un testimonio? Son actos distintos.
Lo mismo pasa con el espantapájaros frente a un resumen honesto: puedes reformular la posición del otro con fidelidad para comprobarla («si entiendo bien, propones X, ¿correcto?»); eso es clarificación, no deformación. Se vuelve espantapájaros cuando agregas exageraciones que el otro nunca dijo y las atacas. Y la falsa dicotomía no prohíbe presentar opciones reales: solo mente cuando oculta que hay más. La honestidad está en mostrar el menú completo, no en fingir que solo hay dos platillos.
«No aceptes su plan de transporte: es recién divorciado, qué sabrá de familia». ¿Qué falacia es?
Todo comentario sobre la persona que habla es automáticamente una falacia ad hominem.
Atacar a la persona en lugar de su argumento es . Deformar la posición del rival para derribarla fácil es . Presentar solo dos opciones cuando hay más es falsa .
Une cada frase con su falacia
Empareja cada dicho con la falacia que comete:
Recuerda una discusión reciente (en familia, redes o trabajo) que se enrareció. ¿Alguien atacó a la persona en vez del argumento, deformó lo que dijiste o te encerró entre dos opciones? Escribe cuál trampa se usó y cómo habrías podido responderla nombrándola sin escalar el conflicto.
Pregunta guía: ¿me respondieron a mí o al espantapájaros que inventaron?
Tu texto se guarda sólo en este dispositivo.
Un comentario defiende una postura. Una línea comete espantapájaros (deforma lo que el otro dijo). Señálala:
Marca la línea o las líneas con error y pulsa Comprobar.
Chequeo: falacias de estructura
Aquí se mira lo que ya fuiste acertando. Pulsa «Comprobar» para saber si puedes seguir.
Para dominar este tema
- Ad hominem: atacar a la persona para no responder su argumento (ojo: evaluar una fuente es distinto).
- Espantapájaros: inflar o deformar la posición rival para derribarla fácil.
- Falsa dicotomía: presentar dos opciones como si fueran las únicas.
- Responder nombrando la trampa: «eso no es el argumento», «eso no lo dije», «hay más opciones».
- El criterio es si se sustituye la respuesta a la razón, no si se mencionó a la persona.
Siguiente (Módulo 6): Apelar a lo que no viene al caso — las falacias de relevancia que sustituyen la evidencia por presión: autoridad, popularidad y miedo.
Comentarios
Inicia sesión para comentar.
Todavía no hay comentarios. Sé la primera persona en opinar.