
Cuatro libros, tres preguntas
Leer los evangelios empieza con tres decisiones: de dónde salieron (fuente de Marcos y el material común), qué quería cada autor (su tesis) y qué género son (no biografías: «bioi» antiguos con tesis kerigmática). El error más caro del lector moderno es leerlos fundidos: la «armonía de evangelios» — Tatiano ya la hizo en el s. II— aplana a cuatro autores bajo una media. La historia crítica y la devoción honesta exigen lo contrario: dejar que los cuatro hablen a la vez y se contradigan en los detalles (ver el objeto de la semana final).
| Evangelio | Fecha (a. C./d. C.) | Su rasgo propio |
|---|---|---|
| Marcos | ca. 70 d. C. (el primero) | El secreto mesiánico: «ved, no digáis»; el Hijo de Dios entendido desde la cruz; final corto (16,8) con las mujeres huyendo «temblorosas» |
| Mateo | ca. 80-85 | Cinco grandes discursos (el Sermón, las Parábolas, la Eclesia, el Apocalipsis, el Envío): un nuevo Pentateuco con Jesús como nuevo Moisés; cita el cumplimiento 16 veces |
| Lucas | ca. 85-90 | El autor culto (prólogo a Teófilo), el evangelio de los excluidos: samaritanos, mujeres, pobres — suyo es la mitad de las parábolas y el único que narra la Ascensión «tras cuarenta días» |
| Juan | ca. 90-100 | Siete señales, siete «yo soy», el prólogo del Logos; los discursos de Pan de Vida y la resurrección de Lázaro: un evangelio sin parábolas y sin exorcismos |
En Marcos, los demonios reconocen a Jesús de inmediato («¿qué tenemos que ver tú, Jesús el Nazareno?»), y él les manda callar y además prohíbe a los curados contarlo. ¿Cómo se llama esa técnica?
Marcos abre llamando a Jesús «Cristo »; el título se entiende entero solo al pie de la cruz, donde un lo confiesa: «verdaderamente este hombre era Hijo de Dios».
Mateo: la montaña y la Iglesia
Mateo —el más citado en la liturgia desde la Antigüedad— escribe para una comunidad de judíos y gentiles peleados con la sinagoga madre. Organiza la enseñanza de Jesús en cinco bloques paralelos a los cinco libros de la Torá, pone un Sermón de la Montaña en lugar del Sinaí («oyeis que se dijo a los antiguos… yo os digo») y es el único evangelio que usa la palabra «iglesia» (ekklesia: 16,18 «sobre esta piedra» y 18,17 «que sea como el gentil»). Genealogía con cuatro mujeres insólitamente nombradas (Tamar, Rajab, Rut, «la de Urías»), visita de magos, huida a Egipto: el material propio de M, con sus citas de cumplimiento («para que se cumpliese…»), hace de Mateo el evangelio más «bíblico dentro de la Biblia».
Lucas y Juan: dos libertades distintas
- Lucas: el único que escribe «habiendo investigado todo desde el principio» (1,1-4): prólogo de historiador. Compuso también Hechos, y los dos son un díptico con tesis: la palabra va a los gentiles. Su navidad (pastores, cánticos de María y Simeón), las parábolas del samaritano, del prodigo y del administrador astuto, las mujeres que sostienen el movimiento, son sus firmas.
- Juan: el autor libre de los sinópticos. No tiene bautismo narrado, no tiene institución de la cena, no tiene Getsemaní: en su lugar, cinco discursos largos, siete señales, siete «yo soy», la resurrección de Lázaro y el lavatorio de los pies como última cena. Y dos finales: 20,30-31 («estas para que creáis…») y el capítulo 21 con Pedro a orillas del mar de Tiberiades.
- La comparación clásica: los sinópticos suben por Judea desde Galilea con exorcismos y parábolas; Juan baja de Jerusalén con discursos y signos; ambos cuentan la misma semana y solo Juan escribe el dedo de Jesús escribiendo en la tierra (7,53-8,11, pasaje ya ausente en los manuscritos más antiguos).
La «armonía» de los cuatro evangelios fue el modo mayoritario de leerlos durante siglos.
Une cada apertura con su evangelista y su tesis.
¿Cuál de los cuatro te lo imaginas leyendo primero a un escéptico: Marcos (crudo, dramático), Mateo (ordenado, judío), Lucas (culto, social), Juan (espiritual, alto)? Justifica por la tesis del libro, no por su agrado.
Cada evangelio eligió a un lector distinto: el que la tesis de cada autor pensó es la pregunta.
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