
Un libro con encuadernación
El Salterio editado (forma final, s. IV-III a. C.) imita los cinco libros de la Torá: Salmos 1-41 (libro I, «Elohim» en la colección davídica); 42-72 (libro II, incluye el «salmo cincuenta» de penitencia); 73-89 (libro III, el «de Asaf» y el derrumbamiento davídico del 89); 90-106 (libro IV, «YHWH reina», el más litúrgico para el Templo segundo); 107-150 (libro V, el «gran aleluya» y la procesión de subida 120-134). Las costuras se ven en las doxologías de cierre de cada libro y en los desdoblamientos (el mismo salmo 14 y 53; 40,14-18 = 70). Es un libro hecho de libros, con su edición y sus reediciones: el Salterio que rezamos no existe en el Sinaí, existe en la liturgia del Segundo Templo. Y la numeración no es única: la Vulgata y las tradiciones ortodoxas cuentan 151 con el «David y los leones» que el Masorético no acepta.
Los «títulos» de los Salmos (p. ej. «A la victoria, sobre el lirio del testimonio», «mictam de David») en la lectura de los especialistas significan ante todo…
La poesía que se construye en espejo
El paralelismo de miembros es la columna de la versificación hebrea: decir la misma cosa dos veces con una grieta. Sinónimo: «El Señor es mi pastor, nada me falta» (23,1); antitético: «A los justos sus bienes, a los impíos su ruina» (compárese Sal 1); escalonado: «Santo, santo, santo» (Is 6). No hay rima ni métrica de sílabas: hay ritmo de ideas y de palabras contadas. La LXX tradujo al griego sin poder conservar el mecanismo y la Vulgata, al latín. Pero el paralelismo se oye en cualquier idioma: es el único dispositivo de la poesía bíblica que el lector español recupera solo con detenerse en la línea. Por eso los salmos «se traducen» mejor que casi nada: la arquitectura de la idea sobrevive a las palabras.
El Salterio hebreo quedó editado en «libros», cada uno con una doxología de cierre, imitando los cinco libros de la .
Los imprecatorios: la violencia dentro de la plegaria
Hay salmos que piden la ruina del enemigo con una ferocidad que incomoda: 137, «estrellar los niños contra la peña»; 58, «el justo se alegrará cuando vea la sangre del malvado»; 139, 21-22, «¿no aborrezco yo a los que te aborrecen?» El canon no los expurgó. Estrategias de recepción: la liturgia bizantina y romana los «cortan» (el Oficio Divino de Trento omitía 137,9 y varios «feroces»); Orígenes y Agustín los alegorizan (los «hijos de Babilonia» son los pensamientos malos aún tiernos); las lecturas modernas (Walter Brueggemann) los leen como honestidad radical: llevar la ira delante de Dios en lugar de ejecutarla contra el prójimo — el salmo no incita, confiesa. La comparación antigua ayuda: los himnos de guerra asirios y las «ejecraciones» egipcias son hechicería operativa (se escribe para que pase); el imprecatorio es súplica en un tribunal que se deja la venganza a El («mía es la venganza» es también un principio de los Salmos). Y el Nuevo Testamento los cita para describir la ruina que ya venía sobre Jerusalén, no para pedir la del adversario.
La iglesia antigua omitió sistemáticamente ciertos salmos del rezo coral por su dureza.
Clasifica cada salmo según su género (formas de la plegaria).
Arrastra cada ficha a su categoría (o tócala y luego toca la categoría). También puedes usar el teclado.
Dos modos de rezar un salmo violento
¿Qué gana y qué pierde cada estrategia? ¿Cuál te deja rezar el salmo entero?
Los salmos no fueron escritos para ser leídos en silencio: se cantan, se responden, se procesionan. ¿Qué pasa en tus lecturas cuando un texto deja de ser «material de estudio» y pasa a ser material de rezo o de canto: cambia la violencia, cambia la ternura?
Nota: la iglesia reza 150 salmos con cortes desde hace siglos: ni los quema ni los ignora.
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Chequeo del Salterio
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