
Lo que el texto no puede decir de sí mismo
Ni uno de los cinco libros se atribuye a Moisés como título: esa nota viene de fuera. Los libros se llaman en hebreo por su primera palabra —«En el principio» (Bereshit), «Estos son los nombres» (Shemot)— y el rótulo «de Moisés» aparece en la tradición posterior, sobre todo desde el siglo II a. C., cuando Sirácide ya da por hecho que «la ley de Moisés» es su autoría y Filón escribe una vida de Moisés como autor de leyes. El anclaje interno es más escurridizo: hay pasajes que hablan de Moisés en tercera persona y, en Números 12,3, un veredicto sobre él —«aquel hombre Moisés era muy paciente»— difícil de pronunciar desde dentro del propio yo.
¿Cuál es la observación más simple y más incómoda contra la autoría mosaica del Pentateuco?
La pista de los nombres: Astruc, 1753
Jean Astruc, médico y profesor de hebreo en París, publicó en 1753 unas «Conjeturas» sin firma en las que hacía una cosa de filólogo de mesa: subrayar en Génesis 1-2 dónde aparece «YHWH» (señalado con A) y dónde «Elohim» (B). Las columnas corrían separadas casi sin tocarse. De ahí salía una conclusión explosiva pero moderada: Moisés —decía Astruc, que seguía creyendo en él— habría utilizado memorias y fuentes preexistentes. La trampa fue que el método se divorció de su autor: si hay dos documentos, pueden ser cuatro, y pueden ser de siglos muy distintos. Eichhorn sistematizó, Ilgen añadió la tercera columna «Elohim» de la primera, y en 1878 Julius Wellhausen publicó la versión canónica: cuatro manos, cuatro siglos, una historia de la religión de Israel como su hilo conductor.
Dos creaciones una tras otra
¿Es la misma historia contada dos veces, o dos teologías incompatibles pegadas sin pegar?
Los dobletes no están solo en el principio: dos relatos del diluvio entrelazados (una pareja de cada especie en Gn 6,19; siete parejas de las limpias en Gn 7,2; cuarenta días de lluvia contra un año de aguas arriba y abajo), dos veces la misma teofanía en el Sinaí, tres veces —Gn 12, 20 y 26— la misma historia de la hermana-esposa. La mecánica es siempre idéntica: vocabulario distinto, interés distinto, y un costura donde el redactor deja pasar las dos versiones sin resolverlas.
Las cuatro manos
La versión escolar: J (Yahvista) escribe en Judá e Israel hacia el siglo IX-VIII, con un Dios que camina y habla cara a cara; E (Elohísta) al norte en el VIII, con sueños y el monte Horeb; D es el «libro de la ley» hallado en el Templo en 622 bajo el rey Josías (2 Re 22-23), que es Deuteronomio con su prosodia de predicador y su centralización del culto; P (sacerdotal, el « código de santidad» Lv 17-26) legisla, numera, mide y fecha, y trabaja en el exilio o después. Wellhausen las ordenó como una progresión religiosa: del carisma libre a la ley sacerdotal. Ese esquema —historia de la salvación convertida en historia literaria— es lo que el siglo XX empezó a desmontar.
Relaciona cada fuente con su firma.
Ordena los hitos del razonamiento sobre el Pentateuco.
Coloca los elementos en orden y pulsa Comprobar.
La casa en obras
Hoy casi nadie dice «cuatro documentos limpios». La hipótesis complementaria (Erwin Blum) ve dos grandes capas, no cuatro: una narrativa (JE) y una legal (D y P). La fragmentaria (Noth, y antes Gunkel) admite muchas piezas pequeñas y un papel fuerte de la tradición oral. Europa insiste en una edición postexílica única y en que «Yahvista» es una mano redactora, no un autor (Erhard Blum, Konrad Schmid); norteamérica conserva una versión blanda de las fuentes. El consenso mínimo es ancho y el desacuerdo es fino: el Pentateuco es obra de muchos siglos y muchas manos, la última de ellas sacerdotal; que las manos fueran cuatro o cuarenta es materia de congreso. Y la pregunta teológica se desplaza: ¿qué significa «inspiración» de un texto hecho así?
Clasifica cada dato como huella de la fuente sacerdotal (P) o de la narrativa antigua (J/E).
Arrastra cada ficha a su categoría (o tócala y luego toca la categoría). También puedes usar el teclado.
La hipótesis de las fuentes fue un invento de los adversarios de la religión.
Un texto puede ser «de Moisés» en el sentido de autoridad y referencia, y no ser suyo en el sentido de autoría material. ¿Se pierde algo importante al confundir los dos sentidos —y cuáles son las cosas que leemos hoy que se leen igual de mal?
Piensa en himnos, constituciones, manuales y marcas que nombran a un fundador ausente.
Tu texto se guarda sólo en este dispositivo.
Chequeo del Pentateuco
Aquí se mira lo que ya fuiste acertando. Pulsa «Comprobar» para saber si puedes seguir.
Comentarios
Inicia sesión para comentar.
Todavía no hay comentarios. Sé la primera persona en opinar.